La transición hacia un modelo agronómico sostenible representa, en la actualidad, un cambio estructural que trasciende la conservación de los ecosistemas agro para centrarse en su restauración activa.

Esta evolución conceptual y técnica, encuentra su expresión más avanzada en la agricultura regenerativa, una modalidad de producción que no se conforma con mitigar el impacto ambiental, sino que aplica sistemáticamente principios diseñados para rehabilitar y mantener la fertilidad intrínseca del terreno sobre el que cultiva.

La agricultura regenerativa y el suelo vivo

A diferencia de los enfoques convencionales que han tratado el sustrato agrícola como un soporte inerte de carácter físico y químico, la perspectiva regenerativa concibe el terreno cultivable como un ente vivo. En este sentido, el objetivo principal se centra en reconstruir el microbioma edáfico, optimizar la retención hídrica y transformar las parcelas agrícolas en eficaces sumideros de carbono atmosférico, convirtiendo al sector primario en un activo para la mitigación del cambio climático.

A nivel mundial, la vinculación entre esta modalidad de producción y las nuevas tendencias de consumo están cada día más conectadas. De hecho, los mercados internacionales y la industria alimentaria trabajan para dar respuesta a un consumidor más exigente en términos de trazabilidad, seguridad alimentaria y protección medioambiental.

La revitalización y salud de los ecosistemas

En todo este contexto, la producción regenerativa se alinea con la revitalización de los ecosistemas y la promoción de la biodiversidad, desplazando el enfoque exclusivo de la maximización del rendimiento a corto plazo, hacia una visión holística donde la rentabilidad se sostiene mediante la salud de la naturaleza.

Sin embargo, abandonar el laboreo intensivo y la dependencia exclusiva de los fertilizantes minerales de síntesis, plantea desafíos técnicos para el productor profesional. En esta transición, donde es necesario mantener la viabilidad económica de las explotaciones intensivas y extensivas, el uso y la implementación estratégica de los mejoradores de suelo adquieren su importancia agronómica.

Cítricos cultivados en agricultura regenerativa

Fundamentos agronómicos de los mejoradores de suelo

Para comprender en qué consisten los mejoradores de suelo, debemos analizar las dinámicas de degradación a las que están sometidos los agroecosistemas.

El suelo agrícola constituye una fuente natural de nutrientes que debe contar con un alto contenido de materia orgánica para actuar como reservorio de los elementos asimilables por las plantas. No obstante, bajo condiciones de producción intensiva, las propiedades físicas, químicas y biológicas del terreno, etc. sufren un desgaste paulatino.

Este agotamiento viene de la extracción continua de nutrientes por las cosechas sin una reposición orgánica adecuada, los procesos de lixiviación provocados por las precipitaciones o el riego excesivo, e incluso de la acumulación tóxica de sales ya sean aportadas por sobrefertilización como por la calidad del agua de riego.

Frente a esta degradación, están los mejoradores de suelo, una familia especializada de productos cuyo propósito no es alimentar directamente a la planta, sino acondicionar el entorno edáfico.

Su función primordial consiste en aumentar la cantidad de humus presente en el perfil del suelo, mejorar su textura y aumentar su capacidad de almacenamiento de agua y elementos minerales. Al mismo tiempo, estos insumos se encargan de mantener activa la biología del terreno cultivable, un factor necesario para favorecer la transformación y disponibilidad de los elementos nutritivos bloqueados, permitiendo que la planta los absorba y desarrolle bajo un metabolismo óptimo.

Así, mediante la aplicación de estos compuestos, estos contribuyen a transformar tierras compactadas, salinizadas o degradadas, en ecosistemas resilientes, sentando las bases operativas de la agricultura regenerativa.

Productos mejoradores de suelo para la agricultura regenerativa

Una puntualización previa. El uso de mejoradores de suelo, son y pueden se empleados en la mayoría de tipos de agricultura (integrada, ecológica, etc.) que así sean necesarios, salvo en las de hidroponía por tratarse de suelos inertes, como lo son la perlita, lana de roca o fibra de coco, por ejemplo.

Centrados en la producción bajo agricultura regenerativa, la diversidad edafoclimática exige soluciones específicas, y JISA la da mediante tres líneas de productos dentro de esta categoría de mejoradores de suelo: los ácidos húmicos procedentes de leonardita, los correctores salinos y los activadores orgánicos.

Adicionalmente, bajo el prisma de un manejo integral y regenerativo, también aporta las formulaciones a base de microorganismos beneficiosos, ya que se consideran un complementario para consolidar la salud del suelo a medio y largo plazo.

Fertilizante orgánico a base de leonardita activada granulada

El papel estructural de los ácidos húmicos procedentes de Leonardita

Las sustancias húmicas pueden ser consideradas como el núcleo de la fertilidad orgánica. Los extractos de mayor riqueza y estabilidad agronómica de estos ácidos se obtienen a partir de la leonardita, y la incorporación de ácidos húmicos y fúlvicos procedentes de ella, desencadena una serie de reacciones físico-químicas que participan activamente en la transformación de la arquitectura del suelo, de manera directa en su Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC).

La CIC es el parámetro que define la capacidad de un suelo para retener e intercambiar iones positivos, tales como el calcio, el magnesio, el potasio o el sodio, medido habitualmente en miliequivalentes por cada cien gramos de tierra.

Una CIC elevada, garantiza que los nutrientes aportados mediante la fertilización permanezcan adheridos a las partículas del suelo y disponibles para las raíces, en lugar de perderse hacia los acuíferos subterráneos por lixiviación. En este marco y debido a su compleja estructura tridimensional y su alto peso molecular, los ácidos húmicos aportan una elevada cantidad de cargas negativas, funcionando como un “electroimán” natural que incrementa la CIC del terreno.

El impacto de los ácidos húmicos varía en función de la textura y el pH del suelo tratado. En los suelos pesados de componente arcilloso, que suelen sufrir problemas de compactación, asfixia radicular y encharcamiento, estas sustancias actúan como agentes floculantes que separan las partículas minerales, mejorando la permeabilidad, la aireación y facilitando la exploración de las raíces. Por el contrario, en los suelos ligeros y arenosos, caracterizados por una escasa cohesión y una pérdida acelerada de agua, los ácidos húmicos recubren e impregnan los granos de arena, aglomerándolos para formar un complejo arcillo-húmico estable que maximiza la retención hídrica.

También y desde el punto de vista químico, su capacidad tampón es importante para la asimilación de nutrientes. En suelos alcalinos, típicos de muchas regiones mediterráneas, los ácidos húmicos forman quelatos con micronutrientes bloqueados por el exceso de calcio, como el hierro, el zinc y el manganeso, poniéndolos a disposición de la planta. Por otra parte, en suelos de carácter ácido, inmovilizan metales pesados y elementos fitotóxicos como el aluminio, reduciendo la toxicidad del entorno radicular.

En el caso de los formulados JISA, pone a disposición de los agricultores, formulados líquidos de la familia Humilig®, los cuales presentan distintas concentraciones y equilibrios entre fracciones húmicas y fúlvicas para adaptarse a cada estado fenológico y sistema de cultivo. Estos están desarrollados para su aplicación mediante sistemas de fertirrigación.

Por otro lado, para aplicaciones de fondo o preparación de terrenos, está la enmienda sólida granulada como Humivita® evo, un humato potásico de origen puramente natural y libre de estiércoles. Destacar que, la excelencia en la fabricación de estos insumos cuenta con las certificaciones internacionales, como la confirmación de compatibilidad CAAE bajo la norma UNE 142500 para agricultura ecológica, y el cumplimiento de los registros REACH europeos.

Desplazador de sales en suelos

Correctores salinos frente al estrés osmótico

La salinidad también constituye uno de los desafíos ambientales más extremos para la agricultura global. La sobreexplotación de los acuíferos, la influencia marina en zonas costeras y la alta tasa de evaporación generan una acumulación progresiva de sales sódicas en el perfil del suelo, degradando su estructura física e incidiendo negativamente en la capacidad de los cultivos para absorber agua y nutrientes.

En estos escenarios, los correctores salinos son mejoradores de suelo específicamente formulados para revertir esta toxicidad iónica. Su mecanismo de acción se basa en procesos químicos de intercambio catiónico a nivel microscópico.

Productos de referencia, como Kitasal®, están formulados a base de ácidos polihidroxicarboxílicos altamente reactivos combinados con calcio. Al ser dispuestos en el bulbo húmedo del sistema de riego, estos compuestos reaccionan con los coloides salinizados del suelo, provocando que el ion sodio sea desplazado y sustituido por el ion calcio. Una vez liberado de la central arcillosa, el sodio queda en disolución y es fácilmente lavado hacia capas profundas del subsuelo mediante la propia lámina de riego, reduciendo notablemente la salinización progresiva.

Además de contribuir a la restauración de la permeabilidad física del terreno, esta aporta un beneficio nutricional directo. Al incrementar la disponibilidad de calcio asimilable, el corrector previene desequilibrios fisiológicos en la planta, fortaleciendo las paredes celulares de los tejidos y previniendo patologías como la necrosis apical o podredumbre en hortalizas.

La reactivación de la biología edáfica mediante microorganismos

Como hemos avanzado, el suelo vivo es el corazón de la agricultura regenerativa. En este contexto, la fertilidad no depende de una simple ecuación química, sino de las complejas redes tróficas que habitan en la rizosfera, la zona de interacción dinámica entre las raíces y los microorganismos. Es aquí donde los activadores orgánicos constituyen el aporte de materia orgánica ecológica líquida de alta calidad, de origen vegetal, diseñados para funcionar como prebióticos agronómicos.

Siguiendo con soluciones JISA para la agricultura regenerativa, productos como Molex® se incorporan mediante sistemas de fertirrigación para actuar como fuentes de carbono de rápida asimilación. Su objetivo es aportar la energía primaria necesaria para estimular la multiplicación acelerada de la microbiota beneficiosa autóctona.

Al incrementar la biomasa microbiana, se acelera la descomposición y mineralización de los rastrojos y cubiertas vegetales, generando reservas de nutrientes y maximizando la asimilación de los abonos minerales que se apliquen conjuntamente.

Esta estrategia prebiótica se complementa con la inoculación probiótica, ampliando el concepto de mejoradores de suelo para incluir consorcios de microorganismos vivos. Las soluciones biotecnológicas actuales contemplan la aplicación de rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR) y hongos endomicorrícicos.

Siguiendo con ejemplos de formulados desarrollados para tal fin, cepas bacterianas especializadas, presentes en formulados como BacfiN®, Fusvicur® o Vitatek®, colonizan el entorno radicular donde solubilizan fósforo, potasio y hierro bloqueados, fijan nitrógeno atmosférico y sintetizan fitohormonas naturales que aumentan la tolerancia de la planta frente a situaciones de estrés.

Paralelamente, soluciones como Micopron® introducen micorrizas que establecen una simbiosis mutualista con las raíces, penetrando en sus células y expandiendo exponencialmente la capacidad de absorción de agua en condiciones de sequía extrema.

Complementariamente, hay que tener en cuenta que el uso sinérgico de activadores orgánicos y microorganismos promueve un cierto efecto de biocontrol edáfico. Un microbioma robusto y diverso compite espacial y nutricionalmente contra patógenos del suelo y nematodos, activando simultáneamente la expresión de los genes de defensa sistémica en la planta.

En este sentido, este desplazamiento paulatino de los fitosanitarios químicos de síntesis por herramientas biológicas sostenibles, también contribuyen al modelo de agricultura regenerativa.

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