El cultivo del arándano (Vaccinium spp.), perteneciente a la familia de las ericáceas, ha protagonizado una de las transformaciones agronómicas y comerciales más destacadas de la hortofruticultura contemporánea. Durante las últimas tres décadas, ha dejado su estatus de producto silvestre estacional para ser un producto estrella en la oferta frutícola mundial.
Este fenómeno responde a la conjunción de diferentes factores, como las nuevas preferencias del consumidor (que demanda alimentos que combinan propiedades nutricionales con beneficios medicinales) y a los avances en tecnología agronómica y mejora genética.
Desde una perspectiva fisiológica, el arándano como planta representa un importante desafío técnico. Su sistema radicular carece por completo de pelos absorbentes. Sus raíces son finas y muestran una capacidad muy limitada para explorar el perfil edáfico y captar agua o nutrientes. En este contexto, en su cultivo profesional es necesaria la implementación de estrategias nutricionales de alta precisión y el uso de sustratos o enmiendas orgánicas específicas.
El cultivo del arándano en un contexto mundial
La industria global del arándano se adentra en esta última década con un dinamismo poco común. Su geografía productiva ha experimentado un flujo llamativo, desplazándose desde América del Norte hacia América del Sur, Europa y, de forma exponencial, hacia Asia. Todo ello en un marco donde la competitividad actual exige ofrecer volumen, turgencia y calidad organoléptica las cincuenta y dos semanas del año.
En este espacio, China, Estados Unidos, Perú, Chile y España destacan como los principales actores del cultivo de arándano.
El arándano en América del Sur
En América del Sur, el ascenso de Perú como potencia hegemónica en la exportación fresca es un referente agronómico. Los valles costeros peruanos han “domesticado la planta” mediante sistemas sin frío, superando las 412.000 toneladas exportadas en la campaña 2025/2026.
Al aplanar la curva anual de oferta, Perú garantiza estabilidad logística para los comercios internacionales. Su producción está orientada principalmente al mercado en fresco, con unas 400.000 toneladas, donde la firmeza, el tamaño uniforme y la buena postcosecha de sus variedades son muy valoradas. El resto, unas 11.000 toneladas, se destina al arándano procesado.
Respecto a las variedades de arándanos cultivadas en Perú, se contabilizan principalmente 65, si bien el 80 % de la producción se concentra en Ventura, Biloxi, Sekoya Pop, Rocío, Mágica, Atlasblue, Emerald, Rosita y Sekoya Beauty.
Por su parte, Chile se encuentra inmerso en la renovación varietal como factor clave. Su producción se estima en algo más de 90.000 toneladas para consumo en fresco y unas 60.000 para procesado. Así, el segmento congelado tiene gran relevancia como alternativa comercial para aquellas variedades menos competitivas en el mercado fresco.
Sin embargo, gracias a la introducción de genéticas nuevas, que ya componen el 21 % del total, el Comité de Arándanos de Frutas de Chile espera para la temporada 2025-2026 un crecimiento superior al 65 % en las exportaciones de frutos procedentes de variedades protegidas, frente al 17 % procedentes de las tradicionales. Por otra parte, los envíos de arándanos congelados chilenos al mundo representan algo más del 43 % del total.
En el marco de América del Sur también hay que tener en cuenta el cultivo del arándano en Colombia, el cual se encuentra en una etapa de expansión sin precedentes, consolidándose como una de las apuestas más prometedoras para diversificar su canal agroexportador. Si bien su volumen actual sigue siendo modesto a nivel global, su rápido crecimiento, alta rentabilidad y ventajas geográficas lo perfilan como un cultivo de gran interés en un sector estratégico.
Entre las razones de su importancia destaca su producción constante. Debido a la ausencia de estaciones climáticas extremas e insolación constante, Colombia puede cultivar y cosechar arándanos durante las 52 semanas del año. Su cultivo en altitudes que superan los 2.200 metros sobre el nivel del mar evita la maduración brusca y aporta un sabor notablemente más dulce, mayor firmeza y calibres óptimos para la exportación.
Su producción se concentra especialmente en la región Andina, donde los departamentos de Cundinamarca y Boyacá representan cerca del 90 % del total nacional, entrando en escena otras áreas productivas en Antioquia, Caldas, Huila, Santander y el Valle del Cauca. Sus variedades dominantes son Biloxi y Emerald, reconocidas por su excelente adaptabilidad al trópico y sus bajos requerimientos de horas de frío para florecer.

El arándano en Estados Unidos y Canadá
Por su parte, Estados Unidos y Canadá conservan su estatus como grandes productores (29 % y 12 % de la producción mundial en 2024, respectivamente), además de ser los principales mercados de consumo.
Estos dos países mantienen un modelo de consumo diversificado basado en los segmentos de fresco e industria, sin mucha diferencia en cuanto a volumen entre ellos. Por su tamaño y uniformidad, los arándanos cultivados dominan el segmento fresco. Los silvestres copan la industria del procesamiento, especialmente en productos congelados, siendo frutos de menor calibre pero con alta concentración de sabor.
El arándano en Asia
El cambio geopolítico más importante proviene de China, cuya superficie cultivada pasó de 66.400 hectáreas en 2020 a 110.000 en 2025, alcanzando las 957.000 toneladas y liderando la producción global.
La provincia de Yunnan es el motor de este crecimiento, utilizando invernaderos de alta tecnología y sistemas hidropónicos para producir fruta extratemprana. En este marco, destaca que su abaratamiento en el mercado interno ha convertido al arándano en un producto de consumo diario para la clase media asiática. Esto también ha sido impulsado por políticas gubernamentales que promueven al arándano como cultivo estratégico, poniendo en valor sus beneficios para la salud, lo que ha favorecido tanto al mercado en fresco como al de procesados (especialmente arándanos deshidratados mezclados con frutos secos).
El arándano en Europa
En el contexto europeo, España lidera la producción comercial, con la provincia andaluza de Huelva como epicentro. El cultivo del arándano en Huelva superó las 70.000 toneladas en fresco y las 7.000 en procesado en la última campaña, generando más de 400 millones de euros en exportaciones.
Su estrategia competitiva se basa en extender el calendario de recolección hacia los meses de invierno mediante la expansión de variedades tempranas, el uso de genéticas propias exclusivas y la apertura de nuevos mercados extracomunitarios como Brasil.
El arándano en África
El sector del arándano en África se ha convertido en un gigante de la contraestación, superando las 119.000 toneladas anuales.
El continente lidera dos polos estratégicos: Marruecos en el norte, con Agadir y Larache como principales zonas productoras; y Sudáfrica y Zimbabue en el sur, abasteciendo principalmente a los mercados de Europa, Asia y Oriente Medio.
La fitotecnia de precisión en los sistemas de producción del arándano
El cultivo del arándano ha abandonado los manejos clásicos en el entorno de la fitotecnia y la sanidad vegetal para adentrarse en la horticultura intensiva, forzado por la fisiología radicular de la planta y la presión de patógenos edáficos.
En cuanto al medio de cultivo, la técnica más desarrollada para maximizar sus rendimientos es el cultivo hidropónico en contenedores. Este sistema utiliza macetas o sacos de cultivo con un sustrato inerte, habitualmente fibra de coco como materia prima principal. Su correcto manejo proporciona un equilibrio adecuado entre retención hídrica y aireación, evitando la asfixia de sus delicadas raíces. Con la hidroponía se incrementa la densidad de plantación y la optimización del recurso hídrico.
Los contenedores se sitúan sobre mallas antihierba para evitar la proliferación de malezas y contribuir a disminuir la contaminación por patógenos provenientes del suelo. Al mismo tiempo, el riego por goteo autocompensante permite optimizar la nutrición de la planta según su estado fenológico, superando las limitaciones impuestas por las dimensiones y desniveles de ciertas explotaciones.
El sistema cero horas frío (Evergreen)
Para acceder a ventanas comerciales extratempranas y cultivar en zonas subtropicales, se ha desarrollado el sistema de cero horas frío, también conocido como Evergreen.
Para lograrlo, se utilizan genéticas del grupo Arbusto Alto del Sur acompañadas de un manejo nutricional minucioso e ininterrumpido. Gracias a esto, la planta retiene su follaje funcional durante el invierno. Esta actividad fotosintética continua soporta una floración abundante y una maduración acelerada sin que el arbusto entre en latencia o dormancia.
La biotecnología en la oferta varietal
Si bien optimizar el potencial productivo del arándano requiere un estricto control microclimático, la genética está jugando un papel fundamental.
Las temperaturas diurnas óptimas para el cultivo del arándano oscilan entre los veinte y veintiocho grados centígrados. Temperaturas superiores inducen el cierre estomático, paralizando el engorde del fruto y la absorción de nutrientes poco móviles como el calcio. Por su parte, las noches frescas son necesarias para estimular la síntesis de antocianinas y la coloración característica de la baya.
En cuanto a la segmentación de la oferta varietal, encontramos el grupo del Arbusto alto del norte, el cual exige una alta acumulación de horas de frío. Aquí, variedades como Duke o Draper son estándares industriales gracias a su firmeza logística y calidad crujiente.
El otro gran grupo lo compone el Arbusto alto del sur, con requerimientos nulos o bajos de frío, lo que ha permitido la expansión de su cultivo hacia el ecuador. Variedades actuales como Meadowlark destacan en el mercado de consumo en fresco por ofrecer frutos de gran calibre.
La agronutrición y bioestimulación en el cultivo del arándano
En la producción del arándano, la nutrición es una práctica cultural de alta precisión, llegando a marcar la frontera entre una cosecha estándar y el éxito productivo. La incorporación de agronutrientes altamente tecnificados es hoy un estándar innegociable en el sector.
Como especie acidófila estricta, el arándano necesita que el pH del medio se mantenga entre 4,5 y 5,5. Un pH superior a 6 inmoviliza los micronutrientes metálicos, desencadenando rápidamente clorosis férrica por deficiencias. Este escenario exige el uso de correctores de carencias quelatados de alta estabilidad, como las soluciones específicas de la gama Jisaquel®.
Asimismo, las finas raíces son extremadamente sensibles al estrés salino, por lo que el control continuado de la Conductividad Eléctrica (CE) es vital para evitar necrosis foliares y fallos osmóticos. En suelos o sustratos con problemas de salinidad, la aplicación de un desplazador de sales en suelos como Kitasal® es prácticamente necesaria.
Como en otras especies hortofrutícolas, el plan de abonado del arándano debe ajustarse al tipo de suelo, la edad de la planta, la variedad y el estadio fenológico. El nitrógeno es básico en la fase de mayor desarrollo foliar, pero un exceso durante la maduración ablanda el fruto; el potasio es el motor de la fructificación, por lo que el uso de fórmulas líquidas de alta asimilación como Top-K® resulta clave para definir el calibre, los grados Brix y el peso específico; y finalmente el calcio, que se mueve por el flujo transpiratorio, es el elemento estructural fundamental para consolidar la firmeza postcosecha de la baya. Es aquí donde el ingeniero agrónomo debe calibrar equilibrios, momentos y dosis.
En otro ámbito igualmente crítico, frente a eventos de estrés abiótico (heladas, calor extremo) y momentos de alta demanda metabólica (brotación, floración y cuajado), la aplicación foliar de bioestimulantes activadores metabólicos e inductores fisiológicos (como GlyBet® o Cuajemax®) actúa como un auténtico cortafuegos fisiológico. En este mismo contexto, la aplicación de complejos de L-aminoácidos libres (Vegetamin®) y extractos puros de algas Ascophyllum nodosum (como Ascofillum®) dotan a la planta de precursores enzimáticos esenciales para prevenir el aborto floral, fortalecer los brotes y promover una vigorosa división celular del ovario.
La sanidad vegetal, poda y postcosecha del arándano
El cultivo del arándano a nivel mundial, independientemente del país donde se desarrolle, exige una vigilancia fitosanitaria rigurosa. Si bien existen plagas y enfermedades predominantes según la latitud, el monitoreo constante es ineludible.
Es destacable que la intensificación del cultivo facilita la incidencia de patógenos como la mosca Drosophila suzukii, que perfora bayas completamente sanas, o el hongo causante del «plateado» (Chondrostereum purpureum), el cual obliga a la desinfección escrupulosa de las herramientas de poda. Una poda que, en su etapa de formación (primeros 24 meses), se orienta a eliminar flores para priorizar el desarrollo estructural del arbusto; mientras que, en plantas maduras, la poda de producción suprime la madera vieja para maximizar la ventilación interna y la penetración de luz en el dosel vegetal.
El éxito final recae inexorablemente en la postcosecha. El fruto del arándano es altamente perecedero, un factor determinante cuando el consumo en fresco implica grandes distancias logísticas. En este sentido, el enfriamiento rápido de sus frutos mediante túneles de aire forzado es básico para paralizar el metabolismo y frenar la germinación de Botrytis cinerea. Además, los tránsitos marítimos prolongados emplean contenedores de atmósfera controlada para asegurar la firmeza, el calibre y la pruina intacta, diferenciando claramente el manejo de la fruta fresca respecto a la destinada al procesado industrial.
Como se puede apreciar, el cultivo del arándano se enmarca en una época de hipercompetitividad global. En este escenario, la rentabilidad pasa por el recambio varietal hacia genéticas de alta firmeza, una fitotecnia de alta precisión y la integración de programas de nutrición avanzada y bioestimulación inteligente como herramientas biológicas clave para garantizar que cada baya recolectada alcance los rigurosos estándares del mercado mundial del siglo XXI.


