El cultivo del tomate en el archipiélago canario, desde hace unos años viene atravesando un momento de redefinición técnica y comercial que exige una mirada profunda tanto desde el punto de vista agronómico como comercial.

Según Paco Ardil Solano, Area Manager JISA para Murcia e Islas Canarias, se puede afirmar que no estamos ante una estratégica producción hortícola de invierno, sino ante un sistema productivo que ha cumplido más de 140 años de historia exportadora, marcando la identidad socioeconómica de islas como Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura.

La singularidad de este cultivo reside en su capacidad para aprovechar un entorno ultraperiférico y convertirlo en una ventaja competitiva mediante la especialización en lo que históricamente se ha denominado la zafra de invierno, suministrando producto fresco al mercado europeo cuando el resto del continente se ve limitado por el rigor climatológico.

Tomate tipo canario

El tomate en Canarias como ecosistema agrícola forjado entre la tradición y la logística.

La historia del tomate en Canarias es indisociable de la influencia británica de finales del siglo XIX, cuando empresas navieras como Fyffes identificaron el potencial de las islas como plataforma de suministro para Londres y Liverpool.

Desde la primera exportación documentada en 1885, el sector ha evolucionado desde variedades rudimentarias como Perfección, hasta los híbridos actuales que deben garantizar una buena postcosecha para soportar el tránsito marítimo. Esta necesidad logística ha condicionado notablemente la fisonomía del tomate canario, caracterizado por una piel firme y un equilibrio organoléptico que resiste el paso del tiempo sin perder su estructura.

Paco Ardil matiza que, a diferencia del modelo peninsular, que en el caso del tomate para consumo en fresco se ha orientado en gran medida hacia especialidades de ciclo corto, el agricultor canario mantiene una estructura más dirigida a la estabilidad de la producción bajo condiciones de alta insolación y recursos hídricos complejos.

Es esta ubicación estratégica de los cultivos, situados sobre todo en las vertientes sur y sureste de las islas, la que permite aprovechar una integral térmica privilegiada que se mantiene de forma constante entre los 18 ºC y 22 ºC durante el día, condiciones favorables para el desarrollo vegetativo y el cuajado de los racimos.

El valor estratégico del patrimonio varietal local de tomate en Canarias.

Frente a la estandarización del mercado global, el archipiélago posee una riqueza genética que está cobrando un nuevo protagonismo en el horizonte actual.

El Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife (CCBAT) gestiona actualmente más de 70 variedades y genotipos de tomate tradicional, muchas de las cuales representan soluciones naturales a los retos del cambio climático.

En este ámbito, variedades como el tomate Huevo de Gallo en Fuerteventura o el tomate Manzana Negra en Lanzarote, están demostrando una rusticidad y una tolerancia al estrés hídrico y salino que resultan de un interés extraordinario para los programas de mejora y para el mercado de proximidad.

Otras variedades tradicionales, como el tomate Negro de San Cristóbal de La Laguna o el tomate de Caña Morada en Granadilla de Abona, ofrecen características organolépticas de sabor intensos y texturas carnosas que ven como el consumidor actual demanda con creciente interés.

También se encuentran el tomate Cagón, típico de la isla de El Hierro, un ejemplo de cómo una variedad pequeña y de piel fina puede contener una concentración de azúcares y ácidos orgánicos que definen la excelencia culinaria canaria, a pesar de su fragilidad para el transporte a larga distancia.

En su conjunto, la recuperación de estas genéticas no solo salvaguarda la biodiversidad, sino que abre vías de comercialización diferenciada frente al tomate a mayor escala de terceros países.

Desplazador de sales en suelos

La gestión técnica del cultivo del tomate en suelos volcánicos y recursos hídricos.

Aunque con grandes similitudes con un plan de abonado del tomate en la península, desde el punto de vista fitotecnico, Paco Ardil destaca que uno de los desafíos en Canarias es el manejo de la nutrición vegetal en suelos de origen volcánico y el uso de aguas con niveles de conductividad eléctrica que frecuentemente superan los 2,5dS/m.

La salinidad es un factor determinante que, si bien puede mejorar la concentración de sólidos solubles y potenciar el sabor del fruto, reduce significativamente el calibre y el rendimiento final si no se gestiona con precisión. En este contexto, el papel de los mejoradores de suelo y los correctores de salinidad (como Kitasal®) se vuelven necesarios para mantener un sistema radicular activo y evitar el bloqueo de nutrientes esenciales.

Tras el trasplante, la prioridad es minimizar el estrés hídrico y térmico. En estos momentos, el uso de bioestimulantes que promuevan un sistema radicular potente y activo desde el inicio, como el Raici®, asegura que la planta colonice rápidamente el sustrato o el suelo volcánico de forma eficiente.

Dada la orografía y los microclimas de las islas, las variaciones de temperatura pueden afectar la viabilidad del polen. La aplicación de inductores fisiológicos como Cuajemax® en esta etapa asegura un cuajado homogéneo, incluso en condiciones de estrés climático. Este aporte, sumado a una nutrición equilibrada en boro y fósforo, garantiza que los primeros ramilletes, fundamentales para la precocidad del cultivo, se formen correctamente.

Firmeza del tomate para el reto del transporte a larga distancia.

Para el tomate canario de exportación, la firmeza es el parámetro comercial es muy importante. La prevención de la necrosis apical (blossom end rot) y el fortalecimiento de las paredes celulares son factores a controlar, y en esta línea, el uso de correctores de calcio de alta asimilación como Jisaquel® Calcio o Nutrijisa® calcio asegura que el fruto soporte el transporte marítimo hacia el continente sin perder calidad.

Centrados en la fase final de engorde y maduración, el potasio es el protagonista. Para alcanzar el calibre demandado y una coloración intensa, siguiendo con los inductores fisiológicos, Engormax® favorece la síntesis de carbohidratos, aumentando el peso específico del tomate, mientras que Top-K® proporciona un potasio de rápida absorción que, además de mejorar los grados Brix y actúa como osmoprotector, ayudando a la planta a gestionar mejor el estrés hídrico tan común en las zonas áridas del archipiélago.

Potasio de rápida asimilación con efecto osmoprotector

El cultivo del tomate en Canarias bajo invernadero de malla y plástico.

La tecnificación del cultivo del tomate canario ha encontrado en el invernadero de malla, también conocido como tipo parral, su estructura más eficiente.

A diferencia de los invernaderos de plástico más estancos, las cubiertas permeables de malla permiten una ventilación natural constante que evita el exceso de humedad relativa, reduciendo notablemente la incidencia de enfermedades fúngicas como la Botrytis o el mildiú. Este sistema permite además una polinización aerobia mucho más eficaz y facilita el trabajo de los polinizadores biológicos, aspectos que repercuten directamente en la homogeneidad de los calibres cosechados.

No obstante, tal y como Paco Ardil, el uso de mallas cada vez más tupidas, motivado por la necesidad de frenar la entrada de vectores de virosis, ha generado nuevos retos en el manejo de la luminosidad.

Por otra parte, el control del microclima bajo estas estructuras demanda un manejo nutricional que potencie la tasa fotosintética, compensando la ligera reducción de radiación solar.

En cuanto a zonas de medianías o áreas con mayor riesgo de vientos dominantes, el invernadero canario demuestra una resiliencia estructural superior a los túneles de plástico convencionales, garantizando una vida útil de las instalaciones que puede superar facilemente los 20 años con el mantenimiento adecuado.

El desafío sanitario y la persistencia del virus del rugoso.

En la actualidad, la sanidad vegetal es una de las prioridades para los técnicos de campo. Tras años conviviendo con el virus de la cuchara (TYLCV), el sector se enfrenta actualmente a la amenaza del virus del rugoso del tomate (ToBRFV), un tobamovirus cuya peligrosidad reside en su alta persistencia y facilidad de transmisión mecánica.

La capacidad de este patógeno para permanecer infectivo en las estructuras, el suelo y las herramientas durante meses, obliga a implementar protocolos de bioseguridad muy rigurosos que han modificado la rutina diaria en las explotaciones.

La estrategia en estos tiempos se centra en la introducción de variedades con resistencia apilada, combinando genes que dificulten la mutación del virus y garanticen la viabilidad económica de las fincas. Complementariamente, el manejo agronómico debe enfocarse en minimizar el estrés del cultivo, ya que se ha comprobado que plantas sometidas a desequilibrios nutricionales o hídricos presentan una sintomatología mucho más agresiva ante la infección viral.

En cuanto a su prevención, incluye desde la desinfección de calzado hasta el uso de semillas certificadas libres de virus, siendo hoy la única barrera eficaz mientras la investigación genética continúa consolidando materiales resistentes.

La competitividad y el horizonte de la Indicación Geográfica Protegida.

La situación del mercado de hoy en día refleja un escenario de competencia muy agresiva, especialmente frente a las producciones de Marruecos, que operan con costes de mano de obra y exigencias fitosanitarias significativamente inferiores.

A pesar de que la exportación española de tomate de Canarias ha marcado mínimos históricos en volumen, el tomate canario ha logrado mantener precios medios en el Reino Unido, lo que demuestra la fidelidad de ciertos mercados europeos a la calidad diferencial de las islas.

Para proteger y mantener esta reputación, el sector, liderado por FEDEX y con el apoyo de las instituciones canarias, está avanzando en el trámite para la obtención de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) «Tomate Canario«. Este sello de calidad europeo no solo protegerá el nombre frente a usos fraudulentos fuera del archipiélago, sino que pondrá en valor la sostenibilidad de un cultivo que ha sabido tecnificarse para optimizar cada gota de agua y cada gramo de fertilizante en un entorno geográfico único.

Tomate tipo canario en cultivo

La defensa de la singularidad histórica del tomate canario.

Paco Ardil incide en que el futuro del tomate en Canarias no se basa en la pugna por el volumen masivo, sino en la consolidación de un modelo de agricultura de precisión que integre la biotecnología aplicada a la nutrición y la defensa de su singularidad histórica.

Además, la resiliencia del agricultor isleño, capaz de producir bajo la presión de la ultraperiferia y las nuevas amenazas fitosanitarias, asegura que el tomate canario siga siendo un referente de excelencia técnica en los mercados internacionales. En este sentido, la meta es clara: transformar la complejidad del entorno en un valor añadido que el consumidor europeo identifique, no solo por su origen geográfico, sino por la garantía de una producción profesional, segura y con una identidad propia.

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